Con los primeros atisbos de humo blanco que se ven en el horizonte Aysenino, después de una cansante lucha en la XI Región, y con el apretón de manos frente a las cámaras entre Iván Fuentes y el ministro Larroulet en La Moneda -con el diputado Alinco como telón de fondo, esta vez totalmente sobrio para la ocasión- hay varias cosas que podríamos ocupar del Manual Aysén sobre manifestaciones sociales, y ver como las adaptamos al conflicto estudiantil que reaparecerá, de seguro, el 2012. Acá le vengo a vender 3 ideas que podríamos poner en práctica.
1. Líderes políticos, pero no partidistas
Todos reconocemos que los personeros que lideraron desde el principio el Movimiento Social por Aysén, el crack de Iván Fuentes (queques y chalecos para él) y en menor medida, Misael Ruíz, fueron unos tipos comprometidos hasta el final con la causa, y que manejaron los tiempos y las situaciones a favor del propio movimiento. Esto se logra cuando los líderes hacen política, pero se deben totalmente a sus representados, y a nadie más que ellos. En definitiva, cuando tienen nada que perder y todo que ganar, porque no están pensando con la calculadora electoral en la mano, ni por sobre todo, deben responderle a intereses partidistas, que frecuentemente son contrarios en la forma -y a veces hasta en el fondo- a los movimientos sociales. Es obvio que ofertas electorales del establishment político no les faltarán desde ahora a estos lideres, pero cuando se debía liderar y representar en forma correcta al movimiento aysenino, lo hicieron de maravillas. No estoy diciendo que se deba eliminar la participación de los partidos políticos de los movimientos, porque sin duda son un aporte a la discusión de ideas, a la propuesta de soluciones, y más importante que todo, son representativos -o debiesen serlo- de un sector de la sociedad que comparte las mismas visiones e ideales de un partido en particular. Pero son los partidos los que deben adecuarse a las condiciones que salgan desde el movimiento. En ningún caso, capturarlo por otros intereses.
2. Estudiante, tu problema es mi problema
El movimiento aysenino trascendió las fronteras de la XI Región. La gente de lugares tan distantes de Aysén se puso en los zapatos de los patagones: entendió las dificultades que significa obtener tener prestaciones medicas que en las zonas urbanas mas cercanas al centro del país son comunes, o que el litro de bencina sobrepase los $1.000 en algunos poblados de allá. En definitiva, gran parte del país empatizó con el diagnóstico y las demandas ayseninas. A pesar de que una mayoría apoya las demandas estudiantiles, creo que solo una pequeña parte hace del problema estudiantil un problema personal. Como hacer eso entonces? Es un largo camino, pero el principio es claro: si la ciudadanía observa un movimiento con demandas claras y justas, entonces se produce el fenómeno de la empatía. Si a ello sumamos las formas, con tipos de movilizaciones que se enfoquen en la solución del problema, que incentiven y sumen gente más allá de los propios estudiantes, entonces iremos por buen camino. Desde el minuto 0, hay que dejar en claro que los violentistas y los encapuchados restan al movimiento por donde se lo mire. Y eso es algo que se echó de menos el año pasado: los líderes estudiantiles fueron bastante poco enfáticos en no avalar la violencia por las puras, y no recuerdo a alguien que realmente los mandara a la cresta con sus acciones. Si rechazamos con todo la represión de Carabineros, también rechazemos con fuerza a los encapuchados, que no aportan en NADA al movimiento. Entonces, la cosa es: ordenemos las demandas, agrupemosla en un solo documento, incluyendo todo el universo que conforma el tema educacional, y sumemos gente más allá de los propios estudiantes. Provoquemos empatía por el movimiento.
3. No dispararse en el pie. Se puede masticar y comer chicle al mismo tiempo.
Los ayseninos produjeron bloqueos en los puntos de acceso a la ciudad, cortando todo el tránsito de alimentos, combustible, etc., como forma de presión. Más allá de validar estas acciones o no, hubo un gesto muy claro: cuando la harina, los huevos, la carne y la leche empezaba a escasear en las góndolas de los supermercados patagónicos, los dirigentes aceptaron levantar el bloqueo temporalmente para lograr que estas cosas llegaran a Aysén, aún cuando eso produjera un desánimo dentro de los grupos más radicales, que veían una pequeña derrota en todo esto. Aquí, los ayseninos no se dispararon en el pie, no dejando que se produciera un desabastecimiento a propósito, como forma de radicalizar las acciones, pero continuaron seriamente movilizados. Luego, siguieron viniendo más gestos, como los desbloqueos parciales del Puente Ibañez, dejando al propio Gobierno como intransigente, pues mientras los dirigentes ofrecían desbloqueos por 8 horas, el Gobierno exigía desbloqueo total para sentarse a conversar -otra chambonada más de Hinzpeter-. Es lo que debería replicarse en el movimiento estudiantil, pues si estamos de acuerdo en que este es un problema de largo aliento, los paros extensos y las tomas de los establecimientos solo harán pagar costos a los estudiantes, y los resultados tenderán a ser vistos como nulos por nosotros. En resúmen: flexibilizar las acciones de movilización, produce el efecto de seguir movilizados, y a la vez, hace no pagar costos que, de otra forma, serían altísimos y pueden provocar divisiones al interior del propios movimientos.